Yo ya creía que estaba bien, que la mala racha había pasado. Ejem... ¿Ha quedado claro que eso es lo que yo había CREÍDO?
El domingo empecé a tener náuseas y a vomitar, dolor de cabeza, mareos. Me acordé del endocrino que una vez en Cádiz me discutía que yo estaba embarazada, mientras yo mantenía que era imposible. Pensé que, un año después, la maldición se haría realidad.
El lunes, me lo tiré todo el día tirada (no es una redundancia gratuita), sin poder moverme apenas, con los mismos mareos y, los oídos (síntoma nuevo) me pitaban.
El martes decidí ir al fisioterapeuta, por si las moscas y me dijo que tenía inflamada la base del cráneo (este año en Madrid he aprendido que todos los huesos se pueden inflamar, al menos, TODOS MIS HUESOS) y que eso provocaba la estrangulación de la arteria que lleva la sangre al cerebro (eso explicaría muchas cosas mías...) y provoca los mareos, las náuseas...
Me dijo que fuera al gimnasio, pero que no hiciera ejercicio de cintura para arriba, sino sólo las piernas, las caderas... Le dije que con mi trocanteritis, tampoco podía machacarme demasiado de cintura para abajo y que, claro, con el asma no quería machar mi resistencia.
El fisio me miró, ladeó la cabeza y me dijo:
-Mira, estas pastillitas son muy buenas para estas cosas.
Ay, dios, ya hemos llegado a ese punto en que ni siquiera alguien que te cobra 30€ por sesión se emtretiene demasiado en ti.
Porca miseria.