jueves, 15 de febrero de 2007

ÍCARO

¿Qué me queda después de mirarme las manos?

Acaso la sombra de mi espalda

o el remoto crepitar de las olas

en el tiempo infinito que me restituye.

¿Qué haré después de que hoy

mi imagen consumiese las aristas

de todos los espejos que no me imaginan?

¿Has de volver, Ícaro,

a prender la luz después de que el viento

te distrajera de tu rumbo?

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de mirar las manos queda volverlas a utilizar acariciando de nuevo la vida, para cuando a la noche les eches un vistazo estén de nuevo empapadas de vida

NáN dijo...

Pensaré que no eres tú la que lo ha escrito, que no eres tú la que queda con las dudas y el dolor.

Y entonces disfruto del poema en lo inquieto de las palabras. Porque es en esa plenitud donde se disfrutan poemas como esos.

robel dijo...

(solamente decirte que ando por los rincones,aunque permanezca en silencio)

Carmen Moreno dijo...

El dolor y la duda son necesarios para crecer, primo. Lo malo es quedarse ahí indefinidamente. Hay que seguir andando y luchando. Una se siente a salvo cuando nota el calorcito de tu voz al otro lado del hilo telefónico.
Como dice Ismael Serrano: "quizá no seamos hérores, pero aún seguimos vivos."

Bueno, bueno, Robel, qué alegría verte por aquí. Es mejor que abandones los rincones y te acerques al centro de la sala.

Anónimo dijo...

...Van borrándose las huellas dactilares y entonces de tanto sentir, miras tus manos ya gastadas de tanta vida y de tanto viaje...Quizás sea el dolor lo que quede (porque no lo mata el paso de los años), y algunas sonrisas fotografiadas... Pero es dolor, y al fin y al cabo el placer no tiene sentido sin su existencia.

precioso :)

un beso,

ana.

Paralelo 49 dijo...

Me gusta mucho Ícaro, las imagenes de Ícaro que me recuerdan a los libros de latín y las imagines de tu poema.

Yo a veces me siento parte del Ícaro que no encuentra el equilibrio del vuelo entre el sol y la espuma de mar.

Ese gesto del primer verso mirarse las manos, es curioso porque parece que uno se mira las manos como última señal, cuando uno las siente vacías, pero Anónimo tiene razon hay que empaparselas de vida...


¿Colgarás sus alas en algún lugar de tu templo como ofrenda?

Carmen Moreno dijo...

Sus alas se terminan quemando cada vez, P49. ¿Para qué ofrendarlas si nunca perviven?
Yo estoy contigo en que mirarse las manos es la señal inequívoca del vacío que se registra en nuestras palmas.
Mi equilibrio siempre está en entredicho, demasiada necesidad de amor, tal vez...
No sabes cuánto me alegro de que nuestros vuelos se hayan cruzado en algún rincón de este mundo.
Ya lo hice una vez con Nán, al que adoro, y te lo propongo a ti, ¿te gustaría que nos escribíesemos por el mail?
Si tu respuesta es afirmativa o negativa, no va a impedir que ponga a tu servicio siempre mis alas.

Paralelo 49 dijo...

Me encantaría

Me encantaría

Me encantaría

Me encantaría

Me encantaría...

(como no veo el tuyo a la vista te dejo el mío. Está en el blog pero te lo dejo aquí también paralelo49@gmail.com)

Paralelo 49 dijo...

Cuída a tu primo, lo veo un poco.... Un beso de mi parte. Un beso a ti, a todos. Me voy a dormir.

el amoroso primo dijo...

Sigo en pie, como la Niké. Si he perdido la voz, me queda la palabra.

Exactamente como lo decía Blas de Otero: Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.

Y la uso, hasta que encuentre la voz, para decir eso, que estoy en pie, fuerte, contento ("casi bruno, porque la pena tizna cuando estalla", de MH, solo a ratos, como todos). Y para decir que qué bien escribe mi prima, ¿verdad?

Y para decirte a ti "¡Gracias!", por preguntar.