miércoles, 11 de abril de 2007

CARTA VI


Querido H.B.:


¿A qué huelen las rosas azules? ¿Recuerdas el día que decidimos sembrarlas? Sin herramientas, sin tener idea de si era el tiempo de hacerlo. ¿Recuerdas nuestros labios enredados por el césped?


Los arriates se habrán quedado pequeños para tus manos, ¿no? Como ya te dije, yo siempre he estado enamorada de tus manos, que me ataban al aire suspendido del techo de la habitación en la que nos llovía los fines de semana. No, no era en el salón, haz memoria.


He salido a buscarte en algunos ojos, pero no te he encontrado. Yo tampoco quiero que la historia comience donde la dejamos. No quiero retomar el sexo de saliva amarga, de las estaciones en las que nuestras vidas se fueron cruzando en nuestro respirar entrecortado. Claro, te echo de menos...


La calle se ha vuelto invisible por eso no encontré el camino de regreso cuando, aún, pensaba en volver. ¿De qué nos sirve decirnos ya cuánto nos añoramos? ¿Tiene remedio la muerte? Tú y yo morimos en aquel motel de carretera, regresando de la soledad que compartimos.


Cómo me gustaba morder tus ganas...


K.H.


14 comentarios:

Anónimo dijo...

En el fondo esta chica es una sentimental.

Las complejas frases, los giros entre lo corporal y espiritual ¿dejan entrever la debilidad o más bien son señuelos antes de un zarpazo letal? Con K.H. no sabe uno a que carta quedarse.

Foucault hubiera tenido muchos problemas para definir este vaivén del sentimiento. Aún así; en este relato profundo y trascendental, uno puede estar lleno de dudas, pues a veces no se alcanza a imaginar fuerza vital de tal calado.

¿Pero existen esas historias humanas tan reactivas en el amor?. A lo más que se llega es a conocer historias convolutas y con lagunas sobre amores guadiánicos que siempre desembocan a un mismo lugar, aunque siempre sean aguas distintas...Sin embargo ahora el cuerpo nos pide más.

Gracias, poeta, por espolvorearnos desde tu caja de los encantamientos.

nán dijo...

¡Go!

En la primera famosa lectura pública de Howl!, Kerouac y Neil Cassidy, en cuanto vieron la estructura de veros largos del poema, cada vez que terminaba uno, sujetando la botella de vino blanco de la que acaban de beber un trago, gritaban ¡Go!

¡Go!, te grito yo ahora. ¡Go!

Carmen Moreno dijo...

Cómo animáis... Y yo aquí, atrancada con la novela, será mejor ir al Pay Pay que hoy un grupo de mujeres subsaharianas nos cuentan cuentos y nos cantan nanas...

Anónimo dijo...

No es para menos.

¡Esta academia es la leche, una auténtica reserva espiritual!

God Pay!
Go!

Ana... dijo...

Yo soy de las que creen que la muerte no tiene remedio.
Un día comprendí que el amor, desgraciadamente, no era todo.
Cuando era aún más pequeña (creeme que lo he sido) soñaba con un amor perfecto. Siempre quise ser una princesita... aunque más que una princesa quise ser la protagonista de mis historias o de mi vida, ya no distingo.
Pero me acuerdo perfectamente de la primera vez que me decepcionó el amor (o lo que yo llamé amor a falta de nombre).
Ni siquiera lo comprendí en aquel momento.
Más tarde sí. Lo ví.
Un buen día supe que el amor era tan sólo un factor más.
Creo que fue en ese momento cuando aprendí a echar de menos.

Pero sigo esperando un jardín y una rosa azul y unas manos que la cuiden.

Sigo creyendo que algún día seré una princesa, aunque sin corona ni vestidos rosa. Pero una princesa. Sin suspiros. Con la boca de fresa.

O quizás espere una princesa?

El caso es que no creo en los cuentos. Pero necesito contar uno.

Me gustan demasiado tus cartas. Empiezo a pensar que crean adicción. Además van por fascículos!

Al final siempre acabo pensando en voz alta.
Pero salí del "me encanta", y es un paso.

Besitos :)

Ana...

Carmen Moreno dijo...

No sé cómo piensa K.H., en realidad es un misterio. Habría que preguntarle a ella si cree en el amor. Yo tengo mi opinión, pero no creo que coincida al 100% con ella, sinceramente.

Tienes que seguir buscando, Ana, por supuesto que sí. Ten cuidado, la rosa azul, en la mitología escandinava es la del olvido.

Anónimo dijo...

Vivimos en una época extraña, donde los mitos son derribados, y no siempre por héroes (que sería lo suyo). Las rosas azules ya no son inalcanzables arcanos...

http://eliax.com/index.php?/archives/2571-La-primera-rosa-azul-del-mundo-creada.html

No te extrañe, Ana, que el amor salga mal parado en esta época en la que hasta las ediciones de los libros tienen la caducidad de los yogures. Pero no te preocupes, porque como decía Elena Bugedo:

"Laxo el cuerpo
envejecido y frío
rescoldo de antiguas hogueras
volverá a arder...
como es debido".

Ya ves. yo también ando así.

Microalgo dijo...

(El comentario anterior es mío, es que se me ha vuelto a escapar el invento)

nán dijo...

http://www.goear.com/listen.php?v=3077962

la estación del amor, viene y va
el deseo no envejece a pesar de la edad

(¡qué bello!)

le queda un nuevo entusiasmo
que vivir al corazón
una nueva posibilidad
de conocerse.

(abrazos, Micro, Carmen, Ana, anónimos)

Anónimo dijo...

Creo que "nan" acertó con la elección y los abrazos (¡esos siempre!)

Carmen Moreno dijo...

Qué bonita canción de Battiato. ¿Recuerda, usted don Micro, cómo me lo fue presentando en el camino de regreso de Madrid?

Bueno, los caminos del amor son inescrutables, primo, habrá que ir caminando...

Os dejo un enlace para una canción de Olga Román que a mí me enamora.

http://www.youtube.com/watch?v=85xoIA1MJtc

Microalgo dijo...

¡¡¡Uuuuh, mucho Batiatto!!!

(Sólo me queda presentarle a NáN a Benni -si es que aún no lo conoce- y a Elena Bugedo).

(No, no cobro comisión)(De momento).

ana dijo...

Gracias Micro.
Y no, no me extrañaré cuando el amor salga mal parado. Es más, firmaría que lo hará.
Un parte de mí (la que no escribe) espera, la otra... la otra prefiere matar el tiempo con palabras que la dejen des-esperar en paz.
"Volverá a arder como es debido"... Lo siento, pero hoy no creo en nada.

Besos a todos!

soponides dijo...

Ana, los caminos del amor, del dolor son inescrutables. No hay razones aún escritas (por la autora) donde el final, grabado a fuego sobre ambos, sea triste, doloroso. Aunque, literariamente sea conveniente, porque te deja ese amargor que nos hace ansiar la búsqueda de antídotos ficticios entregándose a la búsqueda del verdadero amor de forma reiterada.
No obstante, ¿Es esta una verdadera historia de amor?