lunes, 23 de julio de 2007

CUADERNO DEL SR.LARSON I


Mi nombre es D.C. Larson.


Llegué a España el día del Señor, 01 de abril de 2003. Digo que era el día del señor porque es el día de mi cumpleaños y en Suecia, país del que provengo originariamente, me llaman así, Señor Larson.


A decir verdad, no es que yo tuviera un especial interés por conocer este país, pero me perdieron las maletas en el aeropuerto C.D. de París y como, según me dijeron, era más fácil que yo viajara a España a buscar dichas maletas que me las devolvieran en un plazo humanamente razonable porque "enesepaíssetrabajatanpocoquepapanoelseconsideraunexplotadoporlamaquinariafascistaburguesaempresarial", me puse en camino.


He de acalarar que jamás llegué a saber cómo llegaron mis pertenencias a Madrid, habiendo facturado yo para la capital francesa. Después de conocer mínimamente a los inspiradores de la tortilla a la francesa (comida insulsa y para enfermos), he podido conjeturar algo: mis maletas viajan más que el baúl de "la Piquer", que debían ser unas maletas con mucha personalidad porque nadie comentaba que la mencionada Piquer viajara en exceso.


Lo primero que llamó mi atención al llegar a España fue su organización del trabajo: para realizar cualquier tarea debe haber una persona desempeñándola y, al menos, dos más mirando. Si no se dan estas condiciones, el trabajador no rinde igual. Lo segundo, es que llegando a la T4 de Barajas a las 14:00, sales a la calle dos horas y media más tarde. Esto no es porque no funcione bien, sino porque la empresa encargada de la gerencia del aeropuerto, gusta dejar un tiempo prudencial para que compruebes hasta dónde puede llegar tu paciencia. Muchos no pasaron el examen y fueron conducidos por un simpático señor de bigote a alguna parte de la que jamás supe, porque mi paciencia está impoluta desde que nací. Es lo que me ha otorgado dedicarme durante 15 años a la meditación zen.


Saliendo a la calle todo mejoró, la gente en España sonríe con inocencia proterva (esta palabra se la escuché por primera vez a un biólogo que conocí en una playa del sur), que debe querer decir que ríe con ganas inocentes.


Me sorprendió, eso sí, que Madrid fuera tan redondo y tan igual. Me subí a un taxi y pedí que me llevara al hotel que había reservado desde Francia. Pasamos tres veces por unas calles que tenían el mismo nombre y que parecían bastante iguales. El trayecto hasta mi hotel (High Tech Madrid Aeropuerto) me costó 21'50 €. Yo pensé que llamándose así estaría más cerca, pero, claro e insisto, jamás pensé que Madrid fuera tan redondo.


Mi llegada a la recepción fue como llegar a casa borracho: todo son malas caras y gritos. Bueno, lo de los gritos no llegó a acontecer porque a los clientes no se les grita, ni siquiera en España. El motivo: mis maletas, que yo había reclamado habían llegado antes que yo.


Lo que aconteció esa noche en la habitación sí me dejó con una sensación de extrañeza.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

No voy a dejar reposar las dos primeras lecturas y creo que es mi obligación preguntar: ¿Cuál es la bebida nacional de Suecia?

Si le da lo mismo París que Madrid es que se ha tomado un par de ellas, a no ser que lo que aprecie sea la vida mundana española entre gritos, fandanguillos y alegrías.

Seguro que se lo pasa pipa.

Anónimo dijo...

La organización de España será mala, pero anda que la de el Charles De Gaulle, manda cojones!!!!

Microalgo dijo...

Pobre Señor Larson. Uno nunca está a salvo de los desaprensivos.

Siento cierta empatía con él (¿o por él?), sobre todo por la coincidencia de cumpleaños. Espero que espabile y que la próxima vez le meta una denuncia al proterbo taxista. O que lo ejztrangule. y a los recepcionistas del hotel también. Y a los de las maletas del aeropuerto...

Una masacre,vamos.

Anónimo dijo...

Por cierto la bebida nacional sueca es ni más ni menos que el aguardiente, o sea que ojito con el Señor Larson, debe ser un tipo duro o quizás no.

Peter dijo...

Mientras estaba andaba despistado, vi al señor Larson con dos amables señores de procedencia árabe intentando darle en el aeropuerto de París una maleta, con equipaje y todo, para que se la llevara a unos primos españoles..

Anónimo dijo...

Cuyo contenido no era otro que un par de alfombras mágicas, o que él creía que le transportarían al paraíso.


Bonita foto desde la roca erosionada.

Manuel de J. "The Mac" dijo...

La T4 creo que no estaba abierta en 2003. CREO.