viernes, 19 de octubre de 2007

LA LADRONA DE BICICLETAS

Foto de Elena Riudavets


Para J.L.Romero



Él leía a Celso Emilio Ferreiro. Recitaba en voz alta por la casa:



Os corazós dos homes

que ao lonxe espreitan,

feitos están

tamén

de pedra.

I eu, morrendo

nesta longa noite

de pedra.



Ella le miraba pasear con su sombra escuálida y pensaba en caminos.



Un día, él la miró sentada en la ventana de la casa, las piernas colgando hacia la calle, y le propuso una excursión por el campo.



Ella no quiso que la acompañara. Tomó la bicicleta que él atesoraba en el zaguán y jamás se la volvió a ver.

6 comentarios:

Microalgo dijo...

Me sale tomar la perspectiva de él. Si ella quería irse, un aviso no habíra estado mal. O una nota de despedida, en el peor de los casos.

No es posible tomar un alma humana como se toma una bebida. El alma del amante no es un objeto, no se halla a disposición de cualquiera, sino que existe una obligación hacia ella (T.H. White: Camelot).

Conviene no olvidar esto. Y con los amigos es igual. No hay libertad absoluta, y el "nadie pertenece a nadie" es una frase muy chic, muy oig, muy fashion, pero es una soberana estupidez. Yo soy de mi familia y de mis amigos, como ellos son míos. Hasta el grado que queramos, es cierto, pero el agradecimiento implica obligación (miren si no en portugués: "gracias" es "obrigado", es decir, "estoy en deuda").

Quienes no se sienten obligados (al menos a una explicación, aunque no la pidan) con la familia , con quien te ama, con los amigos, son egoístas sin alma.

A nos ser (ejjem), que este fragmento sea el principio de una novela negra sobre un asesino en serie especializado en hacer desaparecer Caperucitas ciclistas en el bosque... en ese caso hay que llamar rápidamente a la policía. Cagando leches.

nán dijo...

Quienes se van, se van siempre. Roban una bicicleta, que pierden pronto, pero no se llevan nada porque no se quedaron el tiempo suficiente para hacerse con nada de valor. Solamente les queda una biografía hecha de datos que se cuenta en dos o tres semanas, agotando su interés.

Los que se quedan, se quedan con lo que habían puesto en el otro más la experiencia de la ausencia. Por eso su alma es cada vez más pesada y está más llena.

Como soy de estos últimos, paseo a veces por la casa descalzo leyendo poemas en voz alta, enriquecido por las cargas asumidas. Pero no lo pongo fácil, no tengo coche ni moto ni bicicleta. Quien se quiera ir, que lo haga a pie.

Pero nadie elige su postura. Ese es el drama. Probablemente nacemos con la decisión tomada.

¡¡Fantástico, Prima Reina!!

en tierra de nadie dijo...

Triste historia. O tal vez no. A veces la libertad es así.

Me debes una respuesta.

Un beso

ETDN

Carmen Moreno dijo...

Los cobardes, don Micro, actúan así. Yo estoy con mi Primo, el que se queda es el que gana.

Etd, ¿libertad? psch... Yo lo llamaría desconsideración.

Anónimo dijo...

Aunque sea un segundo en la eternidad, seguro que le mereció la pena, a pesar del dolor sobre la piedra de su corazón.

¿Qué más dará quien sea quien? Si al fin y al cabo estamos hechos de viruta cósmica que en el contexto de lo eterno coincidieron molecularmente y nunca jamás volverán a unirse.

No es tan importante ni lo que se une ni lo que se separa. Salvo a efectos de nuestro propio egoismo.

E foise co os seus ciclos.
E chorou sobre os seus pes.
E os pedais rilaban o camiño.

E mentras,
lonxe,
quedaba ela, el,
fora do seu ser.

Saludo(s).

Peter dijo...

Lástima de bicicleta...

Apoyo la moción de La dama y el Ángel. Lo importante es quedarse .

Hay gente que conoces por una razón, y una vez han cumplido, se van, pero no dejan esa sensación.

Los buenos se quedan. Repito, lástima de bicicleta...

Buena perla, Gondalera.