martes, 29 de abril de 2008

ROSAS, CENA A CIEGAS, GAUDÍ, SKIN HEAD

Desde hace un par de años la vida me sorprende y me regala cosas y personas que se han instalado en el imaginario de mis días.

He pasado cinco días en Barcelona, ciudad que siempre me ha cautivado (será por la influencia de Marsé) y me he vuelto con la sensación de no mirar de la misma manera. Decía don Micro una vez que él tenía cierto miedo a moverse por Madrid, pero no así por la ciudad catalana. Yo, debo reconecer, que siempre he estado enamorada de la capital de España, pero Barcelona me parece que está llena de magia.

El 23 de abril viví, por primera vez, la fieta de Sant Jordi porque, al final, es eso, una fiesta llena de rosas de papel, de rosas de colores imposibles, de rosas de barro y de miga de pan, rosas dibujadas, estampadas, prendidas de pinzas de tender, tiradas por el suelo y pisadas por los viandantes que rebuscan algún libro para regalar/se; rosas, resto de alas... Sí, sí, resto de alas, como la novela, la magnífica novela de Pablo Gutiérrez al que también conocí en Barcelona, aunque vivimos como a 20 km el uno del otro (Sanlúcar de Barrameda-Puerto de Santa María). Conocía a la Dama Flavia que es aún más grande como persona que como escritora, que ya es decir. Cené a ciegas (no se extrañen, fue una experiencia única llevada a la práctica por Senzacionarium). Una cena en la que la comida venía acompañada de caricias, jadeos, canciones, cuentos, susurros que te explicaban a golpe de metáfora la comida que no veías porque tenías los ojos tapados. Y bailamos también ciegos y bebimos y reímos como sólo puede hacer alguien que cree que no le ven porque él/ella no ve. Y me reencontré con Miriam Reyes que prometió visita en junio y con la Niña Lara que descargó el peso en mí (vamos, que me soltó así, como quien no quiere la cosa, diez libros de golpe) y presentamos una colección-antología con la que nos sentimos bien, con la que deseábamos estar.

Y a la vuelta, en el avión, nos tocó viajar con un Skin. Al principio, nos tanteaba: ¿de dónde sois? ¿dónde vivís? imagino que a ella (yo) le da miedo el avión, ¿verdad? (lo preguntó cuando le di la mano a Zoe porque, sí, ME DA MIEDO VOLAR). Zoe estaba recelosa con aquel tipo, pero, ya ven, me aterrorizan los aviones, pero soy una kamikaze. Nosotras veíamos al chico leer panfletos de los skin que, además, editaba él mismo, moverse nervioso, hablar por el móvil cuando el avión ya estaba en pleno vuelo (sí, eso no me tranquilizaba mucho, la verdad). Aproveché que Zoe tuvo que ir al servicio, le miré y le dije:
- ¿Y tú...?

Él abrió mucho los ojos y me preguntó:
-¿Yo, qué?
-He visto que mirabas un disco de vinilo, de qué va.
-Es muy frikie- me dijo- es música OI!, la música de los skin.
-¿Eres skin? -total, estábamos en racha.
-Sí, pero soy de la vertiente no racista.
-¿No racista? -una es muy inculta en algunas cosas y muy incauta como podrán comprobar por la pregunta que formulé a continuación- ¿Si no le pegas a los de otras razas, a quién le pegas?
- A otros skin que son gilipollas porque se han dejado sorber los sesos por la política. Mira, yo no soy violento, pero sí agresivo. Y he pegado mucho en mi vida... Claro, ha habido muertos, pero a mí sólo me ha sangrado la nariz alguna vez, y he visitado hospitales por palizas, pero nada más (PERO NADA MÁS...!!!). Si voy a Cádiz y me ven los skin rojos (los comunistas y anarkistas) me parten el alma porque me conocen, hasta saben mi nombre porque hago mi revista y distribuyo música, pero, creo, que la base de todo está en la tolerancia, en el respeto. ¿Qué más me da a mí lo que hagas tú con tu vida? Eso era antes, a los quince o los dieciséis. Ahora... Venga, ahora bastante tengo con lo mío. Pero si viene a buscarme...

Le pedí que me explicara, le pedí perdón por mi ignoranacia y terminamos hablando de economía mientras Zoe, que ya había vuelta, observaba con los ojos muy abiertos.

En el próximo post, prometo contarles todo cuanto me explico el chico que se despidió con un:
-Bueno, encantado. ¿Os váis ya mismo o tomamos una birra por Sevilla?

No les diré que no pasamos miedo, sería idiota, pero, cuando uno se enfrenta a algo tiene que conocerlo, ¿no creen?

14 comentarios:

Microalgo dijo...

Bueno, miedo, miedo, tampoco. he visto miedo, pero no loe he pasado. Nunca me he sentido amenazado en Madrid. También es cierto que pasendo con Nán por Madrid se siente uno al lado del alcalde de Malasaña (léase Barrio de Maravillas, si se quiere). Saludas a todos, todos te saludan, y Madrid es un pueblo pequeñito, entonces. Nada agresivo, sino todo lo contrario.

Pero.

Claro que hay que conocer al enemigo. Me leí cachitos del Mein Campf en formato digital (nunca se sabe a quién van los derechos de la edición en papel). Tampoco saqué mucho en claro, aparte de que Adolfito escribía con el boli metido en el ojete (una de las peores prosas que he tenido que soportar en mi vida), y que el silogismo siempre mantuvo un valor ignorado y arcano para su torturado cerebro.

Por cierto... ¿Habéis visto alguna vez a un skin de más de cuarenta y cinco años?

¿No?

Anda, qué curioso. ¿Verdad?

zöe dijo...

Pocos reportajes sobre esta gentucilla ha visto usted Don Micro. Haberlo, hailos, y más de lo que parece. Pero con los años aprenden a disimular su aspecto. Lo importante no es cómo visten, sino las ideas que tienen... Y sí, un poquillo de miedo pasamos... Simplemente por coger de la mano a otra mujer... ajco!!!!!

Camille Stein dijo...

me gustó esa cena a ciegas

y muy gracioso el skin agresivo, no violento y de la vertiente no racista

desde luego los matices son importantes

curiosamente conozco a alguien que preguntó eso mismo a un grupo de 4 skins: no hicieron falta explicaciones, le aporrearon varias veces y así quedó clara su postura...

un beso

FLAVIA COMPANY dijo...

Barcelona estuvo muy contenta de tenerla por aquí, Carmen. Muchas de las rosas que había en la calle eran para usted, de hecho. Pero Barcelona, que es tímida, no se atrevió a decírselo :)

Llinares dijo...

Casi todas las cosas obtienen un valor añadido con la palabra, luego el valor de fabrica no es tan grande.

La verdad es que Barcelona tiene algo, he estado en Madrid más veces, pero aún asi me quedo con Barcelona, será porque prefiero Gijón a Oviedo... El viento.

Salud.

Microalgo dijo...

Sin querer ofender a las hienas, algo en común tienen los skins con ellas: solos no valen gran cosa.

Camille Stein ha puesto el dedo en la llaga. Tal vez si en lugar de uno hubiera habido cuatro del mismo grupo en el avión, la charla con vosotras no habría sido tan calmada. Y su apego a la no violencia, menos fervoroso. Es, simple y llanamente, lo que viene a denominarse por el común de los mortales como "cobardía". La combinación de esa cobardía con la falta de cerebro (el discurso de ese skin estaba lleno de contradicciones, así a simple vista) es algo muy peligroso. Pero siempre ha habido de eso. En el siglo catorce se llamarían de otra forma, pero seguro que había gente parecida. En fin.

La civilización consiste en que cada vez sean menos.

Besos y besos.

Juanjo Merapalabra dijo...

Recuerdo una especie de leyenda urbana de un skin que apareció por el Cerro del Moro (bonito barrio arquitectónicoartistico de Cádiz), yo entonces me consideraba joven y no había visto nunca un skin, en Cádi de eso no había aunque se sabía qué era (o se imaginaba) y le dijeron tú que ere un skin de eso que le va pegando a la gente, po ahora te va a llevá una palisa, y se la dieron mortá.

La vida moerna es lo que tiene, vino, libros, rosas, y jalipollas.

Lara dijo...

Gracias, Carmenmía, por esta crónica que te pedí por teléfono ("¡he conocido a un skin en el avión!" "Ah. Hostia."), y por descargarme el peso de los libros y por estar sentada allí conmigo de forma que pudiera mirarte y luego de esa otra forma con la que me hiciste reír a carcajadas.

Pirata. Que eres una pirata.

Nos vemos pronto...

winsta dijo...

Carmen, Barcelona, el día de Sant Jordi, es un auténtico espectáculo.
Me alegra que lo hayas vivido y lo hayas pasado tan bien.
Un placer leerte.

NáN dijo...

Una crónica estupenda, Prima. Los escritores han de hablar con todos, cuanto más mejor, porque todo acaba saliendo en las palabras y se amplía la experiencia literaria.

Es curioso, porque al volver de Venecia tenía sentado al lado al típico mamón fascista, vestido como un pincel, lleno de tics (una ansiedad de la leche). A su lado, al otro lado del pasillo, estaba un italiano que hablaba estupendamente español. Los dos venían de una reunión internacional y el italiano venía a hacer "un trabajito electrónico" que le mantendría despierto las 24 horas siguientes y se volvía para Italia. ¡A saber qué trabajito! El españolito era tan tonto que no sabía dónde había aparcado el coche, así que pensaba coger un taxi al día siguiente para recorrerse todos los parkings de Barajas. Debía ser "hijo de", por el respeto y la paciencia con que lo trataba el italiano.

No hablé con ellos y no le dejé usar el reposabrazos, mirándole además con desafío. Lo que ellos hablaban era suficiente para enterarme.

Esta gente toma demasiadas pastis y tu skin ha llegado a considerarse una bellísima persona.

¡Los cielos se están poniendo imposibles!

(Malasaña, Don Micro, es territorio seguro).

Microalgo dijo...

No lo dudo, Nán.

"Los cielos se están poniendo imposibles".

Me encanta.

Microalgo dijo...

... Y, por cierto: Lo mío es simple calvicie ¿ehn?

Qué tiempos aquellos en los que a los supuestos macarras se los distinguía por sus aparatosas melenas. Tch. Qué tiempos.

(Suspiro).

síl dijo...

yo, como las rosas tímidas de mi ciudad, me limité a observarte en la presentación en el Astrolabi... igual que te leo tímidamente por aquí y por allá... siempre un lujo... y, esta experiencia con el skin es tremenda!

un saludo!

carmen moreno dijo...

Siempre he creído que hay que escuchar a todos, Don Micro. Y, hombre, aunque hubieran ido en manada digo yo que en un avión...

Zoe, yo te cojo de la mano y del alma donde sea menester. ¡Que le den al mundo!

Camille, es lo que tienen los cobardes.

Dama Flavia, yo siempre tuve la sensación de que toda la literatura era usted. Gracias por las rosas que me ha regalado.

Llinares, yo también soy de agua, pero Madrid me puede. Ahora, me he quedado también con Barna. Bienvenid@

Juanjo, no sé si se gana algo combatiendo violencia con más de lo mismo. Pero, claro, explicar eso en El Cerro del Moro...

Lara, aún te debo más cositas, pero todo se andará. El gustazo fue para mí. Somos piratas, sí señor.

Tiene usted toda la razón, Winsta. Un placer recibirla.

Primo, me ha encantado ese momento de no dejarle el reposabrazos. Jajaja... ¿Qué pensaría aquel hombre de bien que insufla el espíritu español? ¿O será exufla?

Sil, no me puedo creer que estuvieras allí y no dijeras nada. Si es que...